viernes, 26 de noviembre de 2010

GESTION DEMOCRATICA

Si ya es difícil poner orden en nuestra propia casa poner orden en el planeta parece completamente fuera de nuestras posibilidades. Sin embargo, la cuestión no es ya si es posible gestionar políticamente el mundo sino si en lugar de la ley del más fuerte que lo sigue rigiendo, un poco atemperada por sus disfraces y vestidos, podemos impulsar una gestión política con un mejor reparto del poder. Los mismos Estados Unidos parecen haber pasado de la promoción de las dictaduras en América Latina a la promoción de democracias de baja intensidad. Probablemente no es una reflexión ética lo que a llevado a Estados Unidos a fortalecer la democracia en lugar de apoyar los golpes de estado, sino el convencimiento de que las democracias nacional-liberales son un instrumento mucho más útil para difuminar las tensiones sociales, hacer negocio y contener a amplias capas pobres de la población susceptibles de revelarse y de oponerse al sistema. Ciertamente la democracia que hoy existe en el mundo se parece más a una elitocracia, un sistema en el cual gobierna un pequeño grupo, y la participación de los ciudadanos en las mismas suele limitarse a seleccionar los dirigentes propuestos por elites competidoras, que a lo que Robert Dahl ha llamado una poliarquía: "gobierno de los muchos".1 La exploración y la emergencia de una democracia poliárquica global que frente al autoritarismo imperante podría significar alguna ventaja para los países más pobres no sólo está en pañales sino que pocos serán aquellos trabajos teóricos que cuestionen que la nación-estado deba permanecer en el centro del pensamiento democrático. En este artículo pretendo explorar precisamente algunas de las propuestas políticas para regular el ejercicio del poder en la sociedad mundial.

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